Marca

  • Ficha

    Género: Fantasía urbana
    Tono: Íntimo, místico
    Tropo: Vínculo impuesto / Maldición compartida
    Extensión del proyecto: Trilogía

  • La primera vez que apareció...

    Taehyung creyó que era una quemadura. Una línea oscura atravesándole la muñeca izquierda. Fina. Precisa. Tinta recién asentada bajo la piel. No dolía, hasta que Jungkook entró en la habitación. El trazo ardió, no fue una punzada, sino calor expandiéndose desde el centro hacia los dedos. Una presión interna. Como si algo debajo buscara abrirse paso. Taehyung bajó la manga instintivamente.

    —¿Estás bien?

    Asintió demasiado rápido. Jungkook lo observó un segundo más de lo necesario; no insistió.

    Esa noche el ardor regresó. Más intenso. Taehyung se levantó de la cama sin hacer ruido y caminó hasta el baño. Encendió la luz. La línea ya no era una línea: se había ramificado.

    Pequeños trazos extendiéndose hacia la palma, dibujando una forma que no reconocía, pero que le resultaba familiar. Tocó la piel tibia.

    —No eres el único.

    La voz lo hizo girar, Jungkook estaba apoyado en el marco de la puerta. Descalzo, se remangó sin dramatismo. En su antebrazo derecho, la misma marca. Más avanzada.

    No era idéntica.
    Era complementaria.
    Las líneas parecían buscarse.

    Taehyung sintió el calor intensificarse.

    —¿Desde cuándo?

    —Tres días.

    —¿Y no pensabas decirme?

    Jungkook sostuvo su mirada en el espejo, no en él.

    —Esperaba que no fuera esto.

    Taehyung entendió antes de que lo explicara. En la ciudad contaban historias. Susurros sobre vínculos antiguos, marcas que no aparecían por azar. No eran tatuajes. No eran enfermedades. Eran pactos no elegidos.

    —No hicimos nada —dijo Taehyung antes de rascarse la marca.

    —No en esta vida.

    La frase quedó suspendida entre ambos. El baño no sostenía el peso que acababa de instalarse ahí. Taehyung dio un paso, el calor en su muñeca respondió, la marca vibró bajo la piel. Jungkook tensó el brazo. Las líneas avanzaron, no hacia afuera, hacia adentro. Como raíces. Taehyung apretó los dientes.

    —Está reaccionando.

    Jungkook se acercó, no para tocarlo, para medir distancia. El aire quedó denso, cargado. Cuando sus muñecas quedaron a centímetros, las marcas se iluminaron. Un brillo tenue, poco visible para cualquiera. El dolor llegó después. No era físico del todo. Era memoria: imágenes que no eran suyas, calles que no reconocía, manos entrelazadas en otro tiempo, una caída, una promesa pronunciada con sangre en la boca.

    Taehyung retrocedió. El brillo disminuyó. Respiró hondo.

    —Es un vínculo.

    Jungkook no negó.

    —Es una deuda.

    La ciudad seguía existiendo más allá del baño. Autos. Luces. Gente que ignoraba que bajo ciertas pieles despertaban cosas antiguas.

    —¿Se puede romper? —preguntó Taehyung.

    Jungkook tardó en responder.

    —Sí.

    Esa sola palabra pesó más que cualquier explicación.

    —¿Cómo?

    Jungkook bajó la mirada hacia las marcas.

    —Si uno de los dos muere.

    El ardor regresó intensificándose, como si la marca rechazara siquiera la posibilidad. Taehyung sostuvo su propia muñeca, no apartó la vista.

    —Entonces no es una deuda.

    Jungkook lo miró por fin.

    —¿Qué es?

    Taehyung dio un paso al frente, esta vez no retrocedió cuando el calor aumentó, dejó que sus muñecas casi se tocaran. Las líneas se encendieron.

    —Es una elección que alguien tomó por nosotros.

    Jungkook lo observó, evaluando, midiendo.

    —¿Y vas a aceptarla?

    El dolor y la memoria ajena seguían presionando, el futuro insinuándose irreversible. Taehyung sostuvo el contacto.

    —No todavía.

    Las marcas ardieron. Tal vez sabían que la historia apenas empezaba.

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