Pausas

  • Ficha

    Género: Romance contemporáneo
    Tono: Íntimo, sutil → crudo
    Tropo: Nos conocemos demasiado
    Extensión del proyecto: Novela corta

  • Taehyung siempre supo cuándo Jungkook mentía.

    No por las palabras —Jungkook era disciplinado con ellas—, sino por la pausa anterior. Esa fracción de segundo donde el aire parecía quedarse suspendido en su garganta, necesitando confirmar que todavía era seguro hablar. Aquella noche no fue diferente.

    La ciudad se extendía bajo el ventanal del apartamento como. Demasiadas luces. Demasiadas ventanas. Taehyung apoyó la frente contra el vidrio frío mientras escuchaba los pasos de Jungkook detrás de él.

    —No tienes que quedarte —dijo Jungkook con una suavidad que dolía más que un grito.

    Taehyung sonrió apenas. No tienes que quedarte. Nunca era “quédate”. Nunca era “te necesito”. Siempre esa libertad que, en realidad, era una forma refinada de abandono. Se volvió lento. Jungkook regresaba impecable: mangas arremangadas, el cuello ligero y abierto como si incluso la tela supiera que debía rendirse ante él. Tenía esa mirada casi inofensiva, que engañaba a todos menos a Taehyung.

    Porque Taehyung conocía la otra versión. La que aparecía cuando nadie más estaba mirando.

    —No me estás echando —respondió Taehyung imitando su voz.

    —No lo haría.

    Otra pausa. Otra mentira. El silencio entre ellos no era incómodo. Era suyo. Fue construido con años de conversaciones incompletas, con miradas sostenidas durante segundos pesados, con manos que aprendieron a rozarse en público sin que pareciera intencional. Taehyung dio un paso adelante.

    —Entonces dime que quieres que me quede.

    Jungkook evitó verle un segundo. Solo uno. Pero fue suficiente. El aire cambió. La ciudad siguió brillando detrás, indiferente.

    —No compliques esto —murmuró Jungkook.

    Y ahí estaba. No era un rechazo. Era miedo vestido de racionalidad. Taehyung intentó reírse.

    —Siempre he sido yo el complicado, ¿no?

    —No —salió sin permitir espacio—. Eres el único que lo ve claro.

    Eso dolió más de lo esperado. Porque si Taehyung lo veía claro, entonces Jungkook también. Y aun así… Se acercó lo suficiente para sentir el calor que él intentaba disimular bajo la compostura. No lo tocó. No todavía. Entre ellos existía una distancia estudiada, rígida.

    —Mírame —susurró Taehyung.

    Jungkook obedeció. Y en esa obediencia hubo algo que se quebró. No fue dramático. No hubo lágrimas ni confesiones impulsivas. Solo esa observación sostenida, honesta, desnuda, se desestabilizó la neutralidad. Taehyung levantó la mano. Dudó. La apoyó en el pecho de Jungkook. El corazón se mareaba acelerado.

    —Siempre me recuerdas que soy libre de irme —dijo Taehyung, con menos firmeza—. Pero nunca me propones quedarme.

    Jungkook respiró hondo. Y por primera vez en toda la noche, la pausa no fue para mentir. Fue para decidir.

    —Porque si te pido que te quedes —apenas hiló la frase, casi imperceptible—, ya no voy a saber cómo dejarte ir.

    Quedó claro. Ahí se volvió crudo. Taehyung no retiró la mano. La presión aumentó ligera, al igual el latido descontrolado a unos centímetros.

    —Entonces no me dejes ir —retomó su fuerza, cerca de la exclamación.

    No era una súplica. Era una rendición. Jungkook cerró los ojos, casi un parpadeo, como si estuviera perdiendo algo invisible. Cuando los abrió, solo quedaba la necesidad. Y esa fue la primera vez que ninguno de los dos fingió que podía sobrevivir al otro.

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