Sedimento

  • Ficha

    Género: Drama psicológico
    Tono: Íntimo, desgastado
    Tropo: Amor que no se fue, pero cambió de forma
    Extensión del proyecto: Novela corta

  • Kim Taehyung ya no sabía cuándo fue la última vez que se quedaron hablando hasta tarde.

    No peleaban.
    Tampoco reían.
    Simplemente, el día terminaba.

    El departamento seguía siendo el mismo. La mesa en el mismo sitio. Las tazas acumulándose en el fregadero. La lámpara que Jungkook prometió cambiar hace meses. Nada urgente. Nada grave. Jeon Jungkook salió del baño secándose el cabello con una toalla. El sonido de la tela contra el pelo húmedo ocupó el espacio que antes llenaban preguntas innecesarias.

    —¿Comiste?

    Taehyung asintió. No era mentira. Pero tampoco era una respuesta completa. Jungkook dejó la toalla sobre el respaldo de una silla. Siempre ahí. Taehyung pensó en moverla. No lo hizo. Antes habría hecho un comentario. Ahora solo lo registró. Se sentó al otro extremo del sofá. No demasiado lejos. No demasiado cerca. Esa distancia aprendida que evita el roce accidental. La televisión estaba encendida y siendo ignorada.

    —Llegué tarde —murmuró Jungkook.

    Taehyung tardó en responder.

    —Lo noté.

    No había reproche en la frase.
    Y eso la volvió más pesada.

    Jungkook apoyó los codos en las rodillas. Se quedó así un momento. Quieto.

    —Fue un día largo.

    Taehyung lo observó de reojo. El cabello aún húmedo le caía sobre la frente. Antes habría estirado la mano para apartarlo. Ahora pensó en hacerlo. Se quedó pensando.

    —Todos lo son —dijo al final.

    Silencio. Uno que ya conocían. No incómodo. No tenso. Gastado.

    Taehyung estiró el brazo hasta el control remoto y bajó el volumen. El sonido quedó en un murmullo lejano.

    —¿Te acuerdas cuando nos molestaba no vernos en todo el día?

    Jungkook no respondió enseguida.

    —Sí.

    Nada más. Taehyung esperó algo que no llegó. Una sonrisa. Una corrección. Una broma que aligerara la frase. No hubo. Jungkook se recostó en el sofá. La cabeza quedó apenas inclinada hacia el lado contrario.

    —Estamos cansados —dijo.

    No sonó como excusa.
    Sonó como diagnóstico.

    Taehyung apoyó la espalda en el respaldo. Miró el techo.

    —No siempre fue así.

    —No.

    Otra vez esa palabra. Breve. Suficiente. Taehyung deslizó la mano entre los cojines, buscando algo en el lugar equivocado. Quizá una conversación antigua. Quizá el impulso de acercarse sin pensarlo. Su rodilla rozó la de Jungkook por accidente. Ninguno se movió. El contacto permaneció un segundo más de lo necesario. Luego, Jungkook retiró la pierna. No abrupto. Natural. Eso dolió más que un rechazo claro.

    —No quiero que esto se vuelva costumbre —dijo Taehyung.

    Jungkook giró apenas el rostro.

    —¿Qué cosa?

    Taehyung tardó en responder. No tenía una palabra exacta.

    —Esto.

    El sofá.
    La televisión encendida.
    Las frases cortas.
    El cuidado excesivo.

    Jungkook lo miró entonces. Sin dureza. Sin defensa.

    —No sé cómo volver atrás.

    No era una rendición, sino una confesión. Taehyung tragó saliva.

    —No quiero volver atrás. Quiero que se sienta vivo otra vez.

    La frase quedó suspendida.
    No hubo promesa.
    No hubo plan.

    Solo ese reconocimiento incómodo de que el amor seguía ahí, pero había cambiado de textura. Se dejó en el fondo y terminó asentándose.

    Sedimento.

    Jungkook extendió la mano sobre el sofá. No buscó la suya. La dejó abierta, cerca. Taehyung la miró. No era un gesto grande. No arreglaba nada. Pero era algo. Y, por primera vez en semanas, decidió no pensarlo tanto.

    Apoyó su mano sobre la de él. No apretó. No hizo falta.

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