Umbral

  • Ficha

    Género: Dark romance
    Tono: Inquietante, contenido
    Tropo: Poder silencioso / Elección irreversible
    Extensión del proyecto: Novela completa

  • Kim Taehyung no recordaba en qué momento había empezado a quedarse.

    No fue una decisión. Tampoco un accidente. Simplemente, un día notó que ya sabía cómo sonaba el departamento cuando Jeon Jungkook no estaba. Y que ese sonido —esa ausencia precisa— lo irritaba más de lo razonable. La llave giró detrás de él. Taehyung no se movió. Siguió observando la mesa del comedor. Dos vasos. Uno vacío. El otro intacto. Había servido ambos sin pensarlo. Costumbre inminente.

    Jungkook dejó las llaves donde siempre. El metal tocó la madera. Un sonido seco. Medido.

    —Llegaste antes —dijo.

    Taehyung asintió. No volteó.

    Jungkook se acercó para invadir el espacio, no para compartirlo. Esa era una de sus manías: nunca pedir lugar, tomarlo.

    —¿Esperabas algo? —preguntó.

    La pregunta no era casual. Nunca lo era. Taehyung giró apenas el rostro.

    —No —siguió el silencio.

    Jungkook tomó el vaso lleno. No bebió. Lo sostuvo, evaluando su peso, pensando en él todo el tiempo.

    —Mentir se te da mal.

    —Insistir también.

    Una sombra de gesto. No llegó a ser sonrisa. Jungkook dejó el vaso otra vez en la mesa. En el mismo sitio exacto. Demasiada precisión para ser descuido.

    —Podrías irte cuando quieras.

    Taehyung lo miró ahora. Directo. Ahí estaba otra vez esa frase.
    La misma estructura. El mismo ofrecimiento disfrazado de permiso. Libertad como advertencia.

    —Podría —No se movió. Jungkook tampoco.

    La distancia entre ambos era mínima. Suficiente para sentir la respiración del otro sin tocarse. Ninguno retrocedía. Ceder un centímetro implicaría perder algo que no estaban nombrando.

    —Pero sigues aquí —añadió Jungkook.

    No era una pregunta. Taehyung apoyó la mano en el borde de la mesa. La madera fría. Firme. Real. Algo que no cambiaba dependiendo de quién dominara la conversación.

    —Tú también —sin pensarlo contestó.

    Esa vez Jungkook sí le sonrió. Apenas. Sin calidez.

    —Esta es mi casa.

    —Entonces deja de hablar como si yo fuera una visita.

    El aire se tensó. No hubo enojo. Eso habría sido más fácil. Jungkook inclinó la cabeza, prestándole una atención poco casual. Tratando de memorizar algo antes de que desapareciera.

    —No quiero que estés aquí por costumbre —Con ello logró que Taehyung soltara el borde de la mesa.

    —¿Y por qué quieres que esté?

    No hubo respuesta inmediata. Jungkook avanzó un paso. Ahora sí, muy cerca. La clase de cercanía que obliga a decidir entre tocar o apartarse. Ninguno hizo nada.

    —Porque sabes bien lo que estás haciendo —respondió al fin.

    Taehyung frunció apenas el ceño.

    —¿Quedarme?

    —No —negó suave con un gesto—. No irte.

    Eso cayó entre ellos con más peso que cualquier confesión. No era culpa. Tampoco miedo. Era reconocimiento. Como ver una puerta abierta y entender que cruzarla significaba no poder fingir después que no existía.

    —Si quisieras que me fuera, ya lo habrías hecho.

    —Si pudiera hacerlo, ya lo habría hecho.

    Ahora sí, silencio, uno distinto. No lleno de pendientes. Sino de certezas. Taehyung respiró hondo. Lento.

    —Entonces deja de darme salidas. No las estoy buscando.

    Algo cambió en el rostro de Jungkook. No fue alivio. Tampoco victoria. Fue aceptación. Una peligrosa. Alzó la mano. Dudó un segundo antes de rozar la muñeca de Taehyung. No para detenerlo. No para atraerlo. Solo para comprobar que seguía ahí.

    —Cruzar esto, significa que ya no voy a intentar hacer lo correcto.

    Taehyung sostuvo el contacto. No lo apartó.

    —Nunca me interesó lo correcto.

    La respuesta no sonó valiente.
    Sonó cierta. Jungkook exhaló. Tomó una decisión que llevaba meses evitando.

    —Entonces quédate —dijo sin adornos. Sin salida.

    Y esa fue la primera vez que la palabra no sonó como una opción. Sonó como un límite.

Síguenos